Nuevo libro de
Carlos Rehermann
Una entrada virtual a la novela de Internet
EDITORIAL PLANETA, Montevideo, 2000

Alejo Murillo se propone escribir una novela.
Lleno de ideas, está convencido de que su nueva computadora le hará las cosas más fáciles. Entonces descubre los chats de Internet.
Métase con Alejo en un teclado donde las letras esconden otros sonidos.

 

Escriba al autor

Envíe comentarios o preguntas a la presentación

Pero el sexo no está hecho de letras.

La verdadera escritura de Alejo es la que utiliza para vivir en Internet, aunque él insista en convertirla en un libro. Como sus amantes virtuales, Alejo convierte las palabras en vida.

Que la vida que crea sea torpe, banal y estúpida, depende sólo de lo torpe, banal y estúpida que es la referencia que tiene: su propia vida antes de Internet.

<<<

Si no le tiene miedo a los espejos, métase en la cabeza de Alejo, y déjese arrullar por el canto del pato.
Ficha de la presentación y agradecimientos
Desde el lunes 24 de abril de 2000 en librerías

Qué se puede hacer en esta página

Ahora que pasó la presentación del libro, lo mejor que puede hacer es ir a Entrelibros para comprarlo.
A cargo de la presentación estuvo el escritor Ercole Lissardi (Aurora Lunar, Últimas conversaciones con el fauno, Interludio, interlunio, Evangelio para el fin de los tiempos), en conversación con el actor Alberto Restuccia.

Desde aquí puede enviar mensajes de correo para comentar el chat de presentación, o comunicarse con el autor.

Otros libros del mismo autor

Alejo sobrevive al borde de la miseria, adherido a una novia obsesionada por la castidad.
En medio de una debacle personal que pasa sobre todo por la falta de dinero y de esperanzas de cambio, recibe una propuesta de trabajo: deberá viajar a Nueva York trasportando cierta mercadería, trabajo que le reportará más de lo que gana en un año entero de trabajo. Y para colmo de bienes, Alejo conoce a Melina, musa de su propio relato.

Los días de la luz deshilachada
Editorial Signos, 1990
 

Alejo y Melina planean el robo de un cuadro de Vlaminck en un museo de Montevideo. Para venderlo, eligen París, aunque saben que Nueva York sería más provechoso. Pero Alejo quiere ir a París a toda costa, para reencontrarse con Yvette, con quien vivió quince días de amor en el pasado y de quien no sabe nada hace ya tiempo.
El robo, la venta, la búsqueda de Yvette y un atentado contra el Cero Wharton, el punto de referencia de la ciudad.

El robo del cero Wharton
Ediciones Trilce,
1995
"La fluidez de una escritura vinculada con Cortázar, la capacidad instantánea de crear una situación y resolverla sin necesidad de transformarla en trascendente, el acertijo lingüístico constante, revelan a un escritor por demás interesante".
María E. Burgueño

"Carlos Rehermann se mueve con soltura en los cambios de ritmo, en los diálogos y los bruscos saltos atrás en el tiempo; alude con frecuencia, muchas veces irónica, a ciertos fatigados valores del mundo de todos los días. Es también una conmovedora historia de amor a tres, o cuatro, puntas. Todo ello encarado con una escritura "cinematográfica" que cautiva al lector desde sus primeras líneas".
Omar Prego

Encargue sus ejemplares
Presione sobre el libro que desea para acceder a la librería virtual Entrelibros
Esta página está auspiciada por

Presentación del libro ERCOLE LISSARDI (autor del texto de presentación) y ALBERTO RESTUCCIA (que compuso textos y seleccionó y leyó otros de Charles Bokowski, Fernando Schmidt y Susana Chaer).
Soporte técnico CHASQUE. Instalación se software y apoyo de trasmisión PABLO ACCUOSTO.
Registro en video SYLVIA MURNINKAS. Coordinación de registro en video GABRIEL PÉREZ.
Difusión MARÍA SÁNCHEZ. Soporte técnico en Mosca JAVIER RODRÍGUEZ.

Gracias a Sandra Massera por absolutamente todo; a Lucía, por lo mismo; a Amir Hamed por sus sugerencias y apoyo sostenido; a Sandra López por los cuidados intensivos; a los primeros lectores del manuscrito: Bernardo De Arteaga (que también estuvo a toda hora presto a poner a prueba el software del chat), "Chupete" Hernández, Oscar Brando y Katia Engler; a Carlos Trobo, porque sí; a Ana Rosengurtt, que orientó la búsqueda de software; a Julio Cardozo, que dedicó tiempo a buscar programas; a Magela Sigillitto por la confianza y el apoyo a la idea del chat; por motivos menos sintetizables, también gracias a Alberto Gallo, Mario Ale, Edmundo Canalda, Daina Rodríguez, Franklin Rodríguez, Sofi Richero, María José Santacreu, Mónica Suárez, Germán Louro.